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#Opinión 🗣️ || ENTROPÍA POLÍTICA  EL TRIUNFO DE MARCO VALENCIA Y LA CAÍDA DE DON VITO CORLEONE: LECCIONES POLÍTICAS DESDE LA SIERRA NORTE

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#Opinión 🗣️ || ENTROPÍA POLÍTICA

  EL TRIUNFO DE MARCO VALENCIA Y LA CAÍDA DE DON VITO CORLEONE: LECCIONES POLÍTICAS DESDE LA SIERRA NORTE


POR EDGARDO LÓPEZ ROBLES

Querido lector,

Ocurrió lo que desde hace tiempo veníamos advirtiendo. El amasiato entre Morena y el cacicazgo de Xicotepec en Venustiano Carranza ha demostrado ser un experimento fallido, un matrimonio de conveniencia que terminó en divorcio anticipado. Los números no mienten: la derrota de Ernesto García y el triunfo de Marco Valencia no son solo un revés electoral, sino un terremoto político que sacude los cimientos de una región y deja al descubierto las grietas de un sistema que se resiste a evolucionar.

La derrota de Ernesto García es, en primer término, un golpe contundente a los operadores políticos del armentismo. Su incapacidad para revertir el curso de la elección no es solo un error táctico; es el síntoma de una anemia estructural que afecta a todo el grupo en el poder. Morena, que llegó prometiendo una ruptura con las prácticas del viejo priismo, parece haber caído en las mismas redes que tanto criticó. La alianza con el cacicazgo de Xicotepec, lejos de fortalecer al partido, lo alejó de sus bases y lo hundió en una contradicción que la ciudadanía no tardó en castigar.

En segundo término, la caída de Ernesto García es un golpe brutal para Ardelio Vargas, quien ha perdido el control del distrito 01: Huauchinango, Xicotepec y Venustiano Carranza. Jamás en la historia del cacicazgo de Xicotepec se había llegado a un nivel de debilidad como el actual. Lo que alguna vez fue un dominio político absoluto ahora se reduce a un par de municipios menores. La pregunta es inevitable: ¿podrá Don Vito Corleone reinventarse o, como tantos otros caciques, terminará siendo víctima de su propia obsolescencia?

La victoria de Marco Valencia no es casualidad; es el resultado de una tenacidad inquebrantable y de un enfoque adaptado a los nuevos tiempos. Mientras Morena y el cacicazgo de Xicotepec recurrían a las viejas prácticas del clientelismo y la imposición, Valencia actuó de forma similar, pero con una diferencia clave: modernizó su método. Construyó una base sólida, mantuvo su equipo en pie y, principalmente, conectó con un electorado cada vez más exigente y consciente. El éxito radicó en su habilidad para utilizar herramientas contemporáneas. Las redes sociales, lejos de ser un simple complemento, se transformaron en el núcleo de su campaña. Valencia no únicamente habló a la gente; también la escuchó. Su imagen de candidato joven, fresco y educado contrastó claramente con el perfil anacrónico de Ernesto García, quien parecía más interesado en complacer a los poderes fácticos que en representar a la ciudadanía. Este no fue simplemente un triunfo del PAN; representó un logro personal, de su colectivo y, especialmente, de su comprensión de que la política ya no se gestiona desde los despachos, sino en las calles y a través de las pantallas.

Para Morena, esta derrota es una llamada de atención que no debe ignorar. La selección de candidatos no puede basarse en amistades o lealtades personales; debería responder a los principios y aspiraciones de las bases obradoristas y de la sociedad. Ernesto García, más militante del cacicazgo de Xicotepec que del obradorismo, encarnó esta contradicción y pagó el precio. Pero el mensaje no es solo para regeneración nacional. Marco Valencia también debe tomar nota. Su triunfo no es un cheque en blanco; la ciudadanía espera cambios reales. Si su gobierno reproduce los errores de sus predecesores, el resultado será el mismo: un rechazo en las urnas. La política, al fin y al cabo, es un contrato social que se renueva cada tres años.

Desde las gradas de la observancia, tomando un café de la serranía, somos espectadores privilegiados de estos cambios. La política, como la vida, es dinámica. Lo que hoy parece sólido, mañana puede desmoronarse. Lo que hoy es marginal, mañana puede ser central. La derrota de Ernesto García y el triunfo de Marco Valencia son solo las últimas escaramuzas de un enfrentamiento mayor, una batalla que no se libra en las urnas, sino en la mente y el corazón de la gente.

Y mientras tanto, aquí seguimos, observando, analizando y escribiendo, porque la historia no se detiene, y nosotros somos testigos de ella.

¡Nos vemos en la próxima edición! Hasta pronto.

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